Natalia Ginzburg: Un libro para educar en las pequeñas virtudes

Había escuchado hablar de Natalia Ginzburg  y tenía ganas de leer algo de su obra. Escritora italiana, nacida en 1916, se dedicó a contar de formar magistral en su obra, historias sobre la pobreza, la guerra, y sobre todo las relaciones familiares, los lazos y microcosmos que giran en torno a nuestras relaciones mas cercanas. 

En mi biblioteca encontré Las pequeñas virtudes, una serie de 11 textos casi autobiográficos, y que me hicieron darle varias vueltas al tema de la educación y las relaciones que mantenemos con nuestros hijos.



La autora no está de acuerdo con premiar o castigar a los niños. Casi apuesta por ir más allá, y educar en las pequeñas virtudes. Os dejo un párrafo para la reflexión:

"La vida rara vez tendrá premios y castigos. Con frecuencia, los sacrificios no tienen ningún premio, y, a menudo, las malas acciones no son castigadas. Al contrario, a veces son espléndidamente recompensadas con éxito y dinero. Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensas y que el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto." 
(N.Ginzburg, Las pequeñas virtudes, p.157)


Esto lo podemos ver todos los días, a todas horas. Lo ven desde ya nuestros peques en el entorno escolar, lo vivimos nosotros en el trabajo, a nuestro alrededor. Parece que lo importante es la recompensa final, el premio. Está subestimado el esfuerzo, el bien por educación, los pequeños gestos amables. ¿No os parece complicado hacerles entender que pese a todo, la mejor satisfacción es la conseguida a través del trabajo bien hecho?.

También me guardo para el recuerdo este otro párrafo contundente:

"Nos nacen hijos y crece en nosotros el miedo (...). No sabíamos que en nuestro cuerpo hubiera tanto miedo, tanta fragilidad. Jamás habíamos sospechado que pudiéramos sentirnos tan atados a la vida por un vínculo de miedo, de ternura desgarradora."

(N.Ginzburg, Las pequeñas virtudes, p.135)

Si, miedo y amor. Mas que nunca y no comparable con ninguna otra cosa. Tanto que tu vida pasa a un segundo plano sin pestañear y  sin embargo, que felicidad una sonrisa, una caricia, un abrazo. Y que de inseguridades, que temor, cuantas decisiones. Vida, al fin y al cabo.

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