martes, 20 de enero de 2015

A desayunar...

Me levanto una hora antes que la peque y la aprovecho para tomarme el primer café de la mañana, a solas. En la cocina ya bulle el fuego preparando la comida que me llevo al trabajo.



Mi madre siempre se ha levantado pronto, aunque no tuviera que trabajar. Y yo siempre he pensado que era una suerte, una especie de don; así antes de empezar el día tienes un momento para relajarte, un rato de calma para leer mientras desayunas y toda la casa comparte un silencio cómplice que invita a la tranquilidad.


 Imagino la respiración suave y acompasada de la peque en la cama y paso otra página. Los minutos se deslizan, mi café se acaba y soy consciente de que en un rato volverá de nuevo el barullo, la casa se inundará de risas y peticiones como si nunca hubieran cesado y empezará -esta vez de verdad- nuestro día.


Subo a tu habitación con ganas de mirarte dormir -duermes de verdad, completamente entregada- y te digo muy suavemente: 


                      "Buenos días, ya ha salido el sol... a desayunar" 



Remoloneas y te ríes. Suele ser así cada día. Me regalas sin querer cada mañana una risa feliz, nueva, descansada y preparada para devorar la vida. Ese es nuestro secreto: cada mañana la existencia comienza gracias a tu risa.