Diáspora estival

Todavía estoy reponiéndome de la vuelta a la normalidad. Hemos estado en León (15 días por temas laborales de mi chico), en Asturias (dos días viendo a la familia) y en Peñíscola disfrutando de la playa. No hemos parado y ha sido un verano muy activo pero también ha habido momentos para el disfrute y el relax. Y ya estamos listas para incorporarnos de nuevo a la cotidianidad.

Hemos descubierto que a la peque le encanta comer en los restaurantes y le dan miedo las olas. Supongo que como a la mayoría de peques.

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Le gusta disfrutar de momentos de reflexión, de pensar en sus cosas. Y ha comprobado que es hacer amigas de verano. Le encanta conocer peques de su edad y se acerca sin ningún pudor a ellos. Es extrovertida y divertida, aunque asusta a algunos niños mas tímidos, que se sienten algo abrumados ante el torbellino feliz que es Akane. 

En el poco tiempo que tuvimos de playa, conoció a Carmela. En cuanto la vió se convirtió en su mejor amiga. Gracias a ella aprendió un nuevo juego que la entusiasma: el escondite inglés. Intercambiaron abrazos, arena, besos, peluches y mucho amor. Además (coincidencias de la vida) descubrimos que vivimos cerca y sus padres son un encanto. Seguro que pronto planeamos alguna salida en Madrid para que las peques se reencuentren. 


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Ahora nos queda la vuelta al cole. Hemos tenido mucha suerte con la profesora que nos ha tocado: le apasiona trabajar con niños y su prioridad es la felicidad y el respeto a la individualidad de cada peque. Plantea un proyecto pedagógico donde el máximo protagonista es el niño: son ellos los que van a ir marcando los "rincones" y "proyectos" que se lleven a cabo durante el curso, de acuerdo a sus gustos. Veremos como va la incorporación, ya que llevamos prácticamente un mes y medio sin separarnos ni un segundo. 

De todas formas, que ganas tenía de volver a la sencillez de la rutina. Que ganas de dejar atrás a los mosquitos tigre (me han acribillado y me dan reacción alérgica), al calor agobiante de las noches, al pringue de la playa (se me da fatal su logística. Siempre acabamos con las toallas hechas un churro y llenitas de arena. Parece que volvemos de un patatal) y a las negociaciones interminables con la peque (tiene un perfil comercial tremendo). 

Así que aquí estamos de vuelta. Deseando volver a leeros a todas con el café de la mañana o en el metro, antes de llegar a la oficina. Aunque este otoño se me plantea otro reto: nos mudamos de piso. ¡Uf! Prefiero ni pensarlo. Porque para mi una mudanza es el segundo mal universal después de los mosquitos tigre. 

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