Conociendo Atenas
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En Semana Santa decidimos conocer Atenas. Pensamos que, por un lado, habría menos turismo en esta época del año, mucho menos que en pleno verano y, por otro lado, la temperatura sería además mucho más agradable. Y no nos equivocamos. Fueron cinco días de finales de marzo en los que descubrimos una ciudad que no ha perdido su esencia, una ciudad que no está vendida a los típicos locales comerciales que hay por doquier y que te impiden saber si estás en Barcelona o en Ámsterdam. Una ciudad viva, con sus puestos callejeros, sus mercadillos y sus tiendas que parecen ancladas en el tiempo. Una ciudad que merece la pena conocer.
Para un recorrido tranquilo y asumible, planeamos el siguiente programa:
Día 1. Primer contacto con la ciudad: Plaza Monastiraki, Biblioteca de Adriano, Barrio de Plaka, Torre de los vientos en el Foro Romano.
Día 2. Mañana: Museo de la Acrópolis. Tarde: Tour mitológico: Academia de Atenas, Plaza Sintagma (cambio de guardia), Jardín Real, Arco de Adriano, Templo de Zeus, Barrio Plaka, Ágora romana (Puerta de Atenea, Torre de Eolo y Biblioteca de Adriano) y Ágora antigua o griega (Hefesteion, Altar de las Tribus, Tholos, Boualeterion, Estoa de Átalos y Museo)
Día 3. Mañana: Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Tarde: Tour filosófico: Plaza Klauthmonos, Hefesteion, Barrio Ceramikos, Prisión de Sócrates, Mercado de las Pulgas, Ágora Zenón.
Día 4. Mañana: Tour por la Acrópolis: Teatro de Dionisio, Odeón de Herodes Ático, Propileos, Templo de Atenea Niké, Templo de Asclepio, Erecteion, Partenón de Atenea Pártenos. Roca Areópago. Tarde: Libre.
Día 5. Libre.
Vista de la Acrópolis desde el foro romano de Atenas. Foto propia.
Día 1. El hotel estaba situado en una zona tranquila pero muy céntrica, junto a la Plaza de Monastiraki. Esta situación es ideal ya que no solo puedes coger el metro desde el aeropuerto de Atenas hasta Monastiraki (por un precio de 9 euros persona), sino que además, estás cerca de los monumentos y zonas más importantes (junto al foro romano y griego, junto al barrio de Plaka o a unos minutos caminando de la Acrópolis). así que dando un pequeño paseo llegamos a la Torre de los Vientos (Aerides) en el ágora romana, que es el único relog (horologium) de la antigüedad clásica que existe hoy en día. Es una torre de mármol construida en el s.I a.C. que servía de veleta, reloj de sol y reloj de agua. Tiene ocho caras y en cada una de ellas hay un relieve representando distintos vientos: Bóreas -viento del Norte, Kaikias -viento del Noreste-, Euro -viento del Sureste-, Apeliotes -viento del Este-, Noto -viento del Sur-, Lips -viento del Suroeste, Céfiro -viento del Oeste-, y Esquiro -viento del Noroeste-. Está dentro del Ágora romana, que cuenta con monumentos tan bellos como la Puerta de Atenea . Si decides entrar para poder ver de cerca esta zona arqueológica, los precios oscilan entre los cuatro y los ocho euros.
Estas primeras horas las utilizamos para ubicarnos, conocer bien la zona donde estábamos alojados y tener un primer acercamiento a la ciudad. Aprovechamos que estábamos descansados y que habíamos llegado por la tarde, para ver además la Atenas nocturna. No dejes de hacerlo: se respira tranquilidad, no te sientes inseguro en ningún momento y ver la Acrópolis y demás monumentos iluminados es una maravilla. Si te apetece cenar o tomar algo, verás que están de moda los rooftops: bares en preciosos áticos iluminados, para disfrutar de las vistas que te ofrece la Acrópolis mientras te tomas un coctel o picas algo.
Día 2. Decidimos ir al Museo de la Acrópolis el segundo día ya que era sábado y dejar la visita propiamente dicha de la Acrópolis para un día de diario, ya que supusimos que habría menos gente. El Museo es uno de los imprescindibles de la capital ateniense y vas a necesitar varias horas para recorrerlo. Cuentan con una terraza estupenda donde tienes unas vistas increíbles de la Acrópolis, aunque, eso si, si decides tomar algo, los precios son caros (un capuchino 6 euros y un granizado 7,50 euros). La tienda es también maravillosa, y nosotros aprovechamos para comprarnos unos Playmobil mitológicos.
Imprescindiles del museo: no puedes dejar de ver las Cariátides verdaderas (las del pórtico son unas copias), el friso del templo de Atenea Nike, los mármoles del Partenón, el Moscóforo, el relieve de Atenea Pensativa o las Korai. Hay más de 7000 objetos arqueológicos, además de un yacimiento romano a los pies del museo.
Por la tarde habíamos reservado un Tour Mitológico (todos los monumentos que comprendía el paseo son gratuitos). Ya sabéis que los tour nos encantan, y que creemos que es una forma estupenda de acercarse a los puntos históricos claves de las ciudades que visitamos por un precio asequible, ya que le das al guía el dinero que quieras a voluntad. Fueron más de dos horas de tour, donde recorrimos y conocimos la historia de la Academia de Atenas, donde Platón fundó su Academia -dedicada al héroe Academo- y que hoy día es el centro científico más importante del país.
Después caminamos hacia el Jardín Real. Un espacio en el que descansar y donde puedes encontrar, además de restos arqueológicos, vegetación exótica y un estanque con aves acuáticas y tortugas. Si necesitas un refugio climático, aquí lo tienes.
Vimos también el cambio de la guardia en la Plaza Sintagma, junto al Parlamento Griego y la Tumba al soldado desconocido. El cambio de guardia se hace cada hora en punto, durante las 24 horas. La más espectacular es la de los domingos a las 11:00 de la mañana ya que participa una banda de música militar. Cerca de la plaza, a unos pocos minutos andando, llegamos al enorme Arco de Adriano, que por uno de sus lados tiene inscrito que estás en zona romana y por otro de sus lados tiene inscrito que estás en zona griega, y al Templo de Zeus Olímpico, el más grande en sus días, aunque ahora apenas conserva en pie 15 de sus gigantescas 104 columnas corintias.
Cruzando la carretera llegas al Barrio Plaka y Anafiotika. Estos dos barrios, con un encanto maravilloso con sus pequeñas calles encaladas y sus tiendas, seguro que te gustan. Son el lugar ideal para picar algo, para tomarte un zumo, para comprarte algunas sandalias o algún que otro regalo. Si tienes tiempo, puedes además visitar en Plaka la pequeña y hermosa iglesia bizantina de San Nicolás o San Nikolaos Ragavas, del siglo XI d.C. En la plaza Mitrópolis tienes también la Catedral de la Anunciación de Santa María. También en el barrio puedes conocer el monumento cilíndrico de la Linterna de Lisístrates, construido en el 334 a.C. por Lisístrates, un patrocinador que financió una obra teatral en el teatro de Dionisio que tuvo gran éxito. En este pedestal se puso el trípode de bronce que se otorgaba como premio a los vencedores teatrales.
Bajando desde Plaka vas a llegar al Ágora romana de Atenas (la entrada tiene un precio de 10 euros). Es un yacimiento por el que pasear tranquilamente, ya que no hay mucha gente. No te vas a encontrar grandes edificios en pie, apenas hay muros con medio metro de altura, pero no te puedes perder la Puerta de Atenea. Si decides no entrar al ágora, esta puerta es accesible desde fuera de la entrada, por lo que no hace falta que pagues para acercarte a ella. Muy cerca tienes la Biblioteca de Adriano. Cuesta también unos diez euros la entrada en temporada alta. Llamada también la Biblioteca de las cien columnas, se construyó en el año 132 d.C. por orden del emperador Adriano para guardar su colección privada de libros, aunque funcionaba también como lugar público para convenciones y lectura. El lugar que creó Adriano pretendía homenajear a la cultura griega por lo que en origen había jardines y salas de estudio para que los eruditos y filósofos pasearan. Se destruyó en el año 267 d.C. y se volvió a levantar en el siglo V.
Día 3. Empezamos la mañana visitando el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Vas a necesitar varias horas para poder verlo todo con calma. Imprescindibles: la máscara funeraria de Agamenón (sala 4), las Kuroi (sala 8), la estatua de bronce de Zeus o Poseidón (sala 15), la estatua de Atenea Varvakeion (sala 20), el jinete de Artemision (sala 21), el mecanismo de Ancítera (sala 38) o las pinturas murales de Akrotiri (sala 48). No te vayas sin pasar por el agradable jardín de la cafetería (no es necesario consumir para sentarte en él, ni tener entrada del museo) y sin entrar a la tienda.
Por la tarde estuvimos en un maravilloso tour filosófico que nos acercó a los pensadores más importantes de la Grecia clásica. Empezamos en la Plaza Klauthmonos, caminamos hacia el Mercado de las Pulgas (el Flea Market de Monasteraki) para llegar hasta el Barrio Kerameikos donde puedes ver los restos del barrio alfarero y la necrópolis mayor de Atenas.
Seguimos hacia ell Ágora griega, que es sin duda, la zona que más nos gustó. Aquí es esencial acercarte al Hefesteion, un templo que te deja sin palabras en la colina del Agoraios Kolonos que se terminó de construir sobre el 415 a.C. De estilo dórico, sus frisos muestran batallas entre centaruos y lápitas, la deificación de Heracles o una posible gigantomaquía. Fue dedicado tanto a Hefesto como a Atenea Teseion. Una vez visto, puedes pasear hasta algunos otros restos arqueológicos como el Boleuterion, el Templo de Ares o la estoa de Átalo (un edificio reconstruido que alberga un pequeño museo muy interesante).
En la zona más elevada del ágora tienes los restos de lo que fue la prisión del Ágora, donde parece que murió Sócrates tomando cicuta.
Cerca del ágora griega vas a descubrir hay zonas estupendas para tomar algo, descansar y tener unas vistas preciosas del Partenón.
Día 4. Y por fin llegó el día más esperado. Contratamos un tour por la Acrópolis, que es la mejor manera de acceder rápido al yacimiento ya que los grupos tienen acceso prioritario. En la parte baja y según vas hacia la cima empezarás por ver los restos del Teatro de Dionisio, y el magnífico Odeón de Herodes Ático, edificio que aún durante los meses de verano realiza representaciones teatrales. Después llegas a los Propileos de la Acrópolis, el único acceso occidental y que fueron construidos por Pericles entre el 437 y el 431 a.C. Ten paciencia porque suele haber algo de colapso de gente en este punto. Pero son solo unos minutos hasta que asciendes para acceder al recinto. Verás el Templo de Atenea Niké, el Templo de Asclepio, el Erecteion con el pórtico de las Cariátides, y el gran Partenón de Atenea Pártenos. Y desde las alturas puedes distinguir la Roca del Areópago. Vas a poder pasear libremente por la colina, sentarte a descansar y recordarte que no estás soñando. Es el culmen de un viaje increíble. Estuvimos unas tres horas disfrutando de la zona, y al marcharnos descubrimos que era la hora de comer. Así que nos dejamos llevar y descubrimos que perderse es fenomenal para dar con buenos restaurantes en los que reponerse, y eso hicimos durante la tarde. Pasear y descansar en el parque que rodea la Acrópolis para encontrar otros tesoros que no salen en las guías, como el Santuario de Pan o el Monumento a la Pnyx.
Día 5. El último día lo dedicamos a volver a ver aquellos sitios que nos habían gustado más, pasear por Plaka y por el Mercado de las Pulgas para hacer algunas compras y despedirnos de esta fantástica ciudad a la que esperamos volver pronto, pues nos ha robado el corazón.
Este fue nuestro viaje por una ciudad que no ha dejado de maravillarnos, que recomendamos sin dudar y que añoramos. Una ciudad muy visitada pero que no se ha vendido aún al turismo (no te vas encontrando con Starsbucks o Foster Hollywood a cada paso). Con gente amable y un ambiente cálido, acogedor y seguro, es una ciudad a la que volver.

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